Segundo tomo de historias cortas, esta vez con obras que Fujimoto creó entre los 22 y los 26 años. Aquí ya se ve un autor más asentado: los temas siguen siendo raros, incómodos o grotescos, pero el ritmo y la puesta en escena son mucho más finos. Hay relatos que combinan crítica social con elementos fantásticos, otros que juegan con el terror psicológico, y varios donde la violencia y lo absurdo conviven con momentos muy emotivos. Este tomo complementa al anterior mostrando la evolución de su estilo “kafkiano”: personajes atrapados en situaciones opresivas, un humor retorcido y una sensibilidad muy personal para hablar de soledad, fe, familia o identidad.