Nippur de Lagash continuacute;a su infatigable odisea por el Antiguo Oriente, dejando su huella tanto en los lugares que visita como en la memoria de sus gentes. A lo largo de sus viajes, pisa las feacute;rtiles llanuras de Mesopotamia, las polvorientas arenas de Egipto y el espinazo montantilde;oso de Grecia. Ademaacute;s, se cruza con toda clase de personas, desde hombres que son casi bestias hasta hombres que son casi dioses. Indiferente a las bestias y a los dioses, Nippur de Lagash prosigue su camino. Directo al corazoacute;n de los hombres.