Los aguijones que inoculan el veneno del racismo pueden ser sutiles ysilenciosos, casi imperceptibles; o también sumamente evidentes y hastaaparatosos. Pero el efecto para sus víctimas será siempre igual denocivo y doloroso: no importa que se trate de un niño que soporta adiario los epítetos discriminatorios fraguados por sus propioscompañeros de escuela; de un joven que va al encuentro del amor en unpaís ajeno que lo recibe con una extraña hostilidad que él, sin embargo,reconoce de inmediato; o de un profesional exitoso que se enfrenta condemasiada frecuencia contra los prejuicios y los estertores colonialesde un sector social que se resiste tozudamente a abandonar laobsolescencia. Entre la catarsis y la denuncia, los relatostestimoniales de Negro trazan una cartografía de la memoria paraconjurar la rabia y esquivar el apetito de revancha gracias al poderreparador de los afectos."Julio Arbizu se entrega al acto tan doloroso como reparador demostrarnos sus heridas. [...] ¿Puede despreciarnos una abuela, unanovia, un país? Ojalá el Perú se mire en este espejo urgente".Gabriela Wiene