José Carlos Yrigoyen construye un extenso poema imaginario en el que expresa su mundo interior sin recurrir del todo a la autobiografía. Asume el destino de un país desaparecido, el dolor, la incomprensión, la rabia y el deseo en un ejercicio vertiginoso que entrelaza noticias de atentados, preguntas científicas, reflexiones personales y la construcción fantasmal de una vida alternativa.