¿Cómo pudieron conciliar los primeros cristianos la idea de un Dios bueno con la existencia del mal, la enfermedad y el sufrimiento? ¿Qué sentido tiene el dolor en un mundo creado, supuestamente, por un ser infinitamente justo y misericordioso?
Este libro recorre, con una mezcla de erudición e ironía, las respuestas que la tradición cristiana ha dado a lo largo de los siglos a uno de los problemas más complejos de la teología: la presencia del mal. Desde los Padres de la Iglesia hasta los pensadores contemporáneos, el autor analiza cómo se ha intentado explicar lo inexplicable: la coexistencia de Dios y el dolor.
Al mismo tiempo, el ensayo se detiene en las fisuras de esas explicaciones, en sus silencios y en sus contradicciones. Lo hace con una prosa afilada, a menudo desesperada, que no esconde la fascinación y el rechazo que le produce aquello que critica.
Más que un tratado académico, es un libro escrito desde la intemperie, desde la experiencia de quien mira el mundo y no consigue reconciliarlo con ninguna idea de justicia divina. Por eso su lectura resulta tan perturbadora como necesaria: porque pone en palabras una incomodidad que muchos prefieren callar.
La crítica ha dicho:
«Pocos escritores han abrazado con tanto rigor y tanta ferocidad el problema del mal. Cioran es un escritor literalmente insustituible: cuando uno se acostumbra a su voz, no hay otra que la reemplace».
«Cioran fue un ogro exquisito y adorable». El Cultural
«Un pensador incómodo, brillante, cuya lucidez sigue resultando profundamente actual». La Razón