Lo recuerdo, pensó Geralt, lo recuerdo. Sí, allí, en las escalerasresbaladizas por la sangre del castillo de Rhys-Run, donde lucharonhombro con hombro, él y ella, el Lobo y la Gata, dos máquinas de darmuerte, inhumanas en su rapidez y crueldad porque los habían arrastradohasta el final, enloquecidos, apoyados contra la pared.