El aporte de Cajamarca a la revolución gastronómica peruana de las últimas décadas resulta enorme, no solo por el obvio factor alimenticio sino por su componente ritual, con elementos prehispánicos como mates, cucharas de madera y ollas de cerámica, el clásico fogón, los «tiestos», los batanes y los morteros; también por las técnicas a la parrilla, sobre las cenizas o en hornos de piedra; la cocción de alimentos en hojas, como humitas y tamales; la manera tan singular de preparar la papa, el mote y la chochoca; o la receta de platillos como el locro, el chupe y el sango. El volumen, que incluye un vasto recetario, describe en extenso la cocina popular cajamarquina, que se debate en medio de una fricción continua entre el impulso de preservar la tradición y las innovaciones gastronómicas modernas.