Arturo Pérez-Reverte acerca la batalla de las Termópilas a lectores jóvenes a través de la mirada de un niño relacionado con los guerreros griegos. La aventura se apoya en un episodio histórico para hablar de valor, deber y transmisión de la memoria. El relato breve y las ilustraciones permiten introducir el mundo clásico sin convertirlo en una lección escolar, manteniendo el impulso narrativo de una misión peligrosa.